Concorde: el ocaso de un icono

Actualizado: hace 6 días

Todos tenemos en la retina su atrevida figura, cogiendo altura mientras una llamarada se escapa de su ala izquierda.

El 25 de julio del 2000 en el Aeropuerto de París-Charles de Gaulle, el vuelo 4590 de Air France que se dirigía a Nueva York, esperaba su turno en la pista. Delante de él un DC-10 de Continental Airlines despegaba, dejando atrás en mitad de la pista, una pequeña banda de titanio de 3 cm de ancho y poco menos de medio metro de largo. La mala suerte, como en la película de Destino Final, hizo que esta pieza pinchara la rueda del tren de aterrizaje, un trozo de neumático golpeara el ala y la fuerza del impacto, partiera el depósito... perdieron la vida 113 personas, el resto ya es historia.

Poco después, el 24 de Octubre de 2003, el Concorde queda finalmente fuera de servicio tras 27 años de historia y más de 2.5 millones de pasajeros.

Se puso punto final a una era de exuberancia superlativa, donde el esfuerzo técnico y humano permitió una hazaña que desde entonces no ha sido superada.

Un nivel de un refinamiento y una exclusividad, sin parangón.


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Concorde: sus inicios

Fue construido por Aérospatiale en colaboración con la Bristol Aeroplane Company. Ambas llevaban trabajando desde principio de la década de los 60 en conceptos similares, con el apoyo de sus respectivos gobiernos, y no fue hasta 1962 cuando se firmó el acuerdo del consorcio del que nacería el Concorde.

Era el apogeo de la Guerra Fría y la Unión Soviética también estaba trabajando en su propio avión supersónico, el también malogrado Tupolev 144 (TU-144). La similitud de su figura incluso hizo que se le conociera como el "Concordski".


La unidad 001 partió desde Toulouse el 2 de Marzo de 1969 para su primer vuelo y correspondía a la unidad construida por Aérospatiale. El 9 de abril de 1969 realizó su debut la unidad 002 construida por la BAC. Sin embargo no entró en servicio hasta 1976.



El avión de los Yuppies y las celebrities

Habitualmente operaba entre los aeropuertos de Londres Heathrow, París-Charles de Gaulle, John F. Kennedy, Washington-Dulles, Maiquetía en Venezuela, Río de Janeiro en Brasil, aunque también ha volado a México DF, Dubai e incluso a Singapur.

Este majestuoso aparato ha sido el primer y último avión comercial supersónico hasta la fecha, estaba dotado de 4 motores Rolls-Royce con post-quemador, que le impulsaban hasta match 2 (2.172 km/h). Medía 62.1m de longitud, 25.56m de ala a ala

Se construyeron 20 unidades, de los cuales 6 fueron destinadas a pruebas.

Tenía un coste de £23 millones de libras en 1977 (130 millones de los actuales €uros). Aunque en un inicio se estimaron peticiones de hasta setenta unidades, finalmente sólo British Airways y Air France llegaron a adquirirlos. Por un lado se debió al impacto de la Crisis del Petróleo de 1973, a lo que se sumaron problemas financieros de los diferentes interesados, elevados costes de mantenimiento e incluso el impacto medioambiental (elevadas emisiones y ruido al despegar).


Cada billete tenía un coste de £4.300 de 1977. Puede parecer poco (hoy en día es el coste de cualquier vuelo en business para cruzar el “charco”), pero su equivalencia actual es de unos 24.500€ lo que deja clara su exclusividad, por lo que sólo potentados hombres de negocio y estrellas de la época tenían el fondo necesario para permitírselo: desde la Reina Isabell II, el artista Andy Warhol, el bailarín Rudolf Nureyev, el cantante Sting o los empresarios Richard Branson y Bernie Ecclestone, han sido algunos de los numerosos rostros populares que lo han utilizado.


El viajero más habitual: Fred Finn

Quizás el gentleman más icónico de todos es Fred Finn, la auténtica némesis de nuestra “querida” Greta, siendo el viajero que más millas ha acumulado y que atesora la nada despreciable cifra de 718 vuelos en semejante aparato (siempre en el asiento 9A), llegando a atesorar 3 vuelos en el Concorde en un sólo día.

Como recuerdo quedan los famosos posados delante del avión y su colección de coches: Rolls-Royce, Lamborghini Countach, McLaren F1 (la joya diseñada por Gordon Murray), etc.

Este asiduo viajero no sólo usaba el Concorde por ser rápido (permitía ir a Nueva York en poco más de 3 horas), si no que además la vida a bordo era toda una experiencia.


El Menú de a bordo

Como es evidente, tener a la clientela más exclusiva del planeta, plantea tener que satisfacer los paladares y extravagancias más exigentes. En el Concorde todo era a lo grande.


Sus menús tenían de 3 a 6 platos, con viandas como carne de angus, salmón ahumado escocés, caviar, langosta, gallina de guinea, trufas, foie gras y cómo no puede ser de otra forma, todo regado con champagne y los mejores vinos.


En su elaboración participaron chefs mundialmente reconocidos: Paul Bocuse (https://www.bocuse.fr/en/), fundador de la “nouvelle cuisine”; Michel Roux (http://www.michelroux-obe.com/) que tuvo el primer 3 estrellas Michelin de Gran Bretaña, Richard Corrigan (http://www.corrigancollection.com/richard-corrigan/), Shaun Hill y Vineet Bhatia (https://www.vineetbhatia.com/).



Y para acabar de completar esta experiencia sensorial, recordar que él fumar estaba permitido desde finales de los ‘80 hasta 1997. No sólo podías disfrutar de un cigarrillo, también contaba con una cava con los mejores habanos.

En definitiva, una experiencia al alcance de auténticos sibaritas potentados.


¿Una vez más?

La historia se repite de cuando en cuando, con diferentes grupos que apuestan por resucitar los vuelos supersónicos. Y ahora, en pleno apogeo de la concienciación sobre el impacto medioambiental, y gracias a los avances técnicos, resuenan dos iniciativas desde los Estados Unidos: Boom Overture y Aerion Corporation.

Quién sabe, quizás al final de todo, no sea demasiado tarde para vivir la experiencia.

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