En ruta por Croacia

Habiendo crecido con las historias del Grand Tour, de los legendarios conductores de la Cannonball o con las desventuras de la más reciente y loca Gumball 3000, en Petrol Bon Vivant creemos que explorar y conocer las carreteras de dentro y fuera de nuestras fronteras tiene algo mágico.


Para nosotros, simboliza en último término el nexo de unión entre nuestra pasión por viajar y saborear la vida, el automóvil y el disfrute de la conducción. Por eso y por algunas cosas más, hoy os traemos un roadtrip a través de Croacia; sin pretender emular a los gentlemen drivers de las anécdotas anteriores, pero con cierta impronta en nuestros corazones.


Antes de arrancar

La actual República de Croacia es un país muy joven, cuyos orígenes se remontan a 1991, año en el que se independizó de la antigua Yugoslavia. A pesar de sufrir las consecuencias de la terrible Guerra de los Balcanes (aún se dejan ver ciertas "heridas"), ha sabido crecer y desarrollarse, convirtiéndose en Estado miembro de la UE en 2013.


Con una característica forma de bumerán, bañada en gran parte por el mar Adriático, aúna la belleza de la costa Dálmata, salpicada de pequeñas islas, con el encanto de un interior montañoso. Atravesada además por una red de carreteras que debería ser la envidia de muchos países de Europa, tanto por situación como por estado de conservación, se convierte en un destino perfecto para perderse descubriendo sus rincones.

Sumémosle también -para disfrutarla en dos o cuatro ruedas-, una población de menos de 5 millones de habitantes, un reducido número de agentes de policía (Policija) y la práctica inexistencia de radares y ya podéis haceros una ligera idea. Si no, basta con circular unos minutos por la autopista a 130 (velocidad máxima permitida), para ser adelantado fugazmente por todo tipo de vehículos. Dice el refrán que "donde fueres, haz lo que vieres"...

El exclusivo club de hipercoches "Supercar Owners Circle", eligió Croacia para su reunión anual en 2021, por algo será...

De Zagreb a Zadar: ¿la Autobahn croata?

Comenzamos nuestro viaje en Zagreb, la capital. Decadente y soviética, es la viva representación del interior croata. Sus edificios brutalistas se entremezclan con el buen gusto de un centro histórico muy centroeuropeo. Merece la pena perder medio día en recorrer sus calles y, si todo lo permite, acercarse a ver la factoría de Rimac, el fabricante de hipercoches eléctricos. Lamentablemente, sigue sin admitir visitas por la pandemia.


Dejando Zagreb atrás y por la E71 (autopista de peaje), uno recorre los 280 kilómetros que separan Zagreb de Zadar en un asfalto perfecto . A mitad de camino, se atisba el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, una de las maravillas croatas que bien merece la pena visitar.

captura google maps ruta zagreb a zadar

Que nadie se asuste si ve algún BMW serie 7, serie 5, etc.., (a los croatas parece gustarle mucho la marca bávara) adelantando a más de 180 km/h; son sus costumbres y hay que respetarlas.


Después de algo más de tres horas y de una larga bajada hacia la costa, se llega a Zadar, una ciudad pequeña y tranquila, pero que por la noche se convierte en uno de los lugares con más ambiente de toda la costa (con el permiso de Split). Con una centenaria herencia veneciana, su casco histórico amurallado y lleno de vida era una parada obligada en nuestro viaje.



Adentrándonos hacia la fuente del río Cetina

No todo en Croacia son vías rápidas y fuera de lo mainstream, existen rincones que guardan la verdadera esencia del país,lejos de los focos de las principales atracciones turísticas. La siguiente etapa de nuestro roadtrip es un viaje hacia lo desconocido, hacia aquello que quizás no leas en ninguna guía de viajes y nadie te cuente; llegar al mismísimo Ojo de la Tierra, desde donde mana el río Cetina que da vida a esta región.


Para otra kilometrada más, nada mejor que coger fuerzas con un típico desayuno croata de camino, en la medieval ciudad de Sibenik, cerca de otro paraje natural, el del Parque Nacional de los Lagos de Krka. Aparte del obvio encanto de Sibenik, queda demostrado que la herencia italiana en Croacia es palpable; saben hacer buen café.

captura google maps ruta Šibenik a Cetina

Con el estómago lleno y el café haciendo su efecto, proseguimos el viaje hacia el interior, encarando la D33 hasta Vrlika. Por el camino nos regala dos puertos de montaña y unas vistas esplédidas de la frontera natural con Bosnia, con los Alpes Dináricos y el Dinara, el pico más alto de Croacia. Los últimos kilómetros de bajada a Vrlika son curvas retorcidas y estrechas, otro regalo más para el petrolhead aventurero

Conduciendo por curvas hacia Vrlika
El Dinara, con 1831m de altura, se yergue imponente en el horizonte.

Desde allí, la carretera se vuelve aún más estrecha y rota, hasta tal punto que el último tramo se asemeja más a un camino de cabras, pero todo sea por lo que uno puede contemplar al llegar a la Fuente del río Cetina.


El río Cetina nace de un manantial subterráneo que emerge a través de un agujero de más de 155m de profundidad, cuyo sobrenombre de "el Ojo de la Tierra" parece describir perfectamente el lugar. Esta visión sobrecogedora de aguas cristalinas esconde un doble desafío: sumergirse en sus gélidas aguas que oscilan entre los 4 y los 8ºC y mirar al abismo. Toda una experiencia que os recomiendo.



Serpenteando el litoral: Dubrovnik, la perla del Adriático

Aunque la tendencia natural pudiera ser visitar Split, la siguiente parada en nuestro viaje era Dubrovnik. Para llegar; más carreteras de la "Croacia profunda" y un cruce de frontera mediante. Salvando un tramo de la E65 que termina al llegar a Ploce -y que es una de las mejores autopistas que he visto nunca-, todo es serpenteante asfalto, trazado casi de manera improvisada, hasta llegar al Paso de Neum, frontera con Bosnia.

Ruta google maps de Cetina a Dubrovnik
Desde el 29 de julio está oficialmente inaugurado el puente de Peljesac que conecta la península del mismo nombre con el resto de Croacia.

La D8, que llega hasta Dubrovnik, recorre unos 60 kilómetros a escasos metros del mar y es un cúmulo de sensaciones para el conductor. Contemplar el sol escondiéndose mientras se enlazan curvas (a pesar del tráfico de temporada alta), es uno de los muchos motivos por los que disfrutamos tanto de esto.


Pero el momento Zen con el coche se termina al llegar al infierno de Dubrovnik. Y digo infierno porque, a pesar de que la ciudad -la perla del Adriático- es realmente preciosa, es un horror para encontrar aparcamiento sin ser vilmente saqueado en el intento. Las laderas próximas ofrecen una buena alternativa, entre laberintos de calles por donde solo cabe un automóvil y que vuelven loco hasta a Google Maps.

Con todo, conviene armarse de paciencia una vez más y subir hasta el monte Srd, dejando la ciudad a nuestros pies y notar la herencia de la guerra.
Dubrovnik visto desde el Monte Srd


Split y sus islas

Tras unos días por Dubrovnik y sus alrededores, toca encarar la última parte del roadtrip. Un viaje de vuelta hacia Split para descubrir la ciudad y las islas de los alrededores. Deshacer parte del camino que nos llevó hasta Dubrovnik no es sino la excusa perfecta para decirle adiós a algunos de los tramos más bellos que nos ha regalado Croacia.


Siguiendo el litoral, conviene hacer un alto técnico en Makarska u Omis (menos conocida ciudad de piratas) y donde se puede disfrutar de la gastronomía croata lejos de las masas en una típica konoba (taberna) como konoba Kalalarga (muy recomendable).

Si os decíamos que los tramos de carretera junto al mar son lo mejor de Croacia para disfrutar conduciendo, esta zona añade un extra más; la cercanía de las montañas hace que cualquier desvío para coger la autopista implique ascender puertos de auténtico vértigo. La subida desde playa Ramova hasta coger la E65 es una fantasía y solo lamenté no disponer de un buen deportivo para hacerlo inolvidable.


Ya en Split, toca aparcar de nuevo el coche, salvo que optéis por esa vía para conocer también las islas de Hvar y Brac. En esta última Brac, se encuentra Zlatni Rat o "el Cuerno de Oro", la playa más famosa de Croacia y a la que se llega después de una buena travesía de 50 kilómetros desde el puerto de Supetar a través de,una vez más, espectaculares carreteras de montaña.


Habiendo recorrido más de 1000 kilómetros a través de carreteras de ensueño, subiendo y bajando montañas, al borde del mar y en lo más recóndito del país; habiendo exprimido cada minuto y explorado cada rincón que nos hemos encontrado, he aquí la esencia de un roadtrip.
Foto el scooter desde Supetar
En un mundo donde todo sucede tan deprisa, a veces vivir rápido está justificado.