James Bond: la elegancia y el mal nunca mueren (III)

Actualizado: may 19

Después de dos entregas dedicadas en exclusiva a James Bond, no podíamos dejar pasar la oportunidad de abordar otra faceta fundamental del universo 007, el “malo”. Al fin y al cabo, para ganarse el pan, Bond ha tenido que hacer frente a multitud de villanos de todo perfil.


Es en estas lides donde, una vez más, la infinita clase y el buen gusto dejan también su huella. No es la faceta protagonista y tampoco la más correcta, pero todos nos hemos sentido atraídos (aunque sea ligeramente), por ese lado oscuro e igualmente canalla.


Como sucede con todo antihéroe -y Bond es en cierta medida uno de ellos-, sus contrapartes no distan mucho de él; ciertos lujos, femmes fatales y coches glamurosos. Aunque podríamos hablar largo y tendido de todo esto, hoy es el turno de, una vez más, lo petrol: los coches.


Probablemente no hayas reparado en algunos de los vehículos que traemos hoy y es fácil de entender: la sombra de mitos como el Aston DB5 o el Lotus Esprit es alargada. Brillar con la misma intensidad que ellos es imposible, pero, en un ejercicio de memoria y justicia, rindámosles los honores que se han merecido.

Limitándose a un papel muchas veces testimonial, el coche del villano nunca ha desatado pasiones entre el gran público.

¿Tienes intriga por saber cuáles son los coches más malvados de la franquicia 007? Comenzamos:



Rolls-Royce Phantom III


En el estreno del Aston Martin DB5 en Goldfinger (1964), Rolls Royce fue la marca encargada de asociarse al villano de turno, el magnate del oro Auric Goldfinger. A pesar de no medirse con ninguno de los clásicos Bentleys de Bond, coetáneos al Phantom III, pasó a la historia por ser complemento imprescindible para el contrabando de dicho metal precioso en la película, camuflándolo entre las partes del propio coche o formando parte de él.


La unidad que aparece en Goldfinger es un Rolls-Royce Phantom III Sedanca de Ville carrozado por Barker y que data de 1937. Más allá de la suspensión reforzada para cargar con semejante cantidad de oro y el guiño de la placa de matrícula personalizada (AU1), el modelo de base es el último gran Rolls de preguerra.

Rolls-Royce Phantom III Sedanca de Ville carrozado por Barker en la película Goldfinger de James Bond
Entre 1936 y 1939 se construyeron 727 chasis del Phantom III. Como mandaban los cánones de la época, el aspecto exterior se fiaba a las manos expertas de un maestro carrocero.

En el apartado técnico, estaba animado por un V12 de 7320 cc de carrera larga repleto de innovaciones como el encendido doble (que veríamos en los Twin Spark de Alfa Romeo muchas décadas después). Entregaba 165 caballos a 3000 vueltas y, teniendo que empujar de más de dos toneladas y media a través de las ruedas traseras, queda lejos del actual ideal de deportividad.


Rolls-Royce Phantom III Sedanca de Ville carrozado por Barker frente a una casa de campo en la película Goldfinger de James Bond

Como curiosidad y prueba de glorias pasadas, el sistema de frenos asistido contaba con un servofreno proveniente de Hispano-Suiza. Y ya en los años 30, la caja manual de cuatro velocidades contaba con sincronizadores.



Maserati Biturbo 425i


Desde Italia y sin pena ni gloria, el Maserati Biturbo 425i se encargó de transportar a Franz Sánchez en “Licencia para matar” (1989). Aunque su aparición fue breve y el color elegido para la ocasión no era especialmente atractivo, el coche realmente "pegaba" con el personaje.

Porque unir un deportivo de los 80 con un narcotraficante internacional de origen latino es una fórmula de éxito, como ya vimos en Scarface o Miami Vice.
Maserati Biturbo 425i en la película licencia para matar | license to kill de James Bond

El Maserati 425i Biturbo era la variante de cuatro puertas e inyección electrónica del Biturbo lanzada en 1987. Más allá de esa carrocería de fuertes aristas muy ochentera, montaba un V6 de 2,5 litros con tres válvulas por cilindro. 188 caballos que impulsaban con brío un peso contenido (0-100 en 6,6 segundos), con la comodidad de una berlina, si bien 4,4m no parece demasiado en la actualidad. Con todo, solo se produjeron 320 unidades del 425i frente a las más de 2000 del 425 de carburación.

Maserati Biturbo 425i en la película licencia para matar | license to kill de James Bond, perseguido por un Jeep Wrangler


Ferrari F355 GTS


A pesar de ser una de las marcas de automóviles más conocidas del mundo, no se vió Ferrari alguno en la saga 007 hasta GoldenEye (1995). En este caso, es Xenia Onatopp, la femme fatale más fatale a la que se “enfrentó” Bond, la encargada de conducir un Ferrari F355 GTS. La persecución “amistosa” por las colinas de Mónaco donde Xenia es seguida muy de cerca por Pierce Brosnan en el eterno Aston DB5 y se van adelantando, no se olvida.


Por muy malvada que una sea, no se puede descuidar nada a la hora de llevar un Ferrari. Xenia sabe combinar hasta un accesorio fundamental de lady driver: los guantes.

El F355 GTS era la versión Targa del F355, el sustituto de un 348 que ya adolecía el paso del tiempo bien entrados los 90. En la receta tradicional de los biplazas de motor central de Ferari, se colocaba un V8 a 90º que, como indicaba el nombre 355, contaba con 3,5 litros de cubicaje y cinco válvulas por cilindro. Contaba con lubricación por cárter seco, una relación de compresión de 11 a 1 y dos árboles de levas; con todo alcanzaba los 380 caballos y bajaba de los 5 segundos en el 0-100. Adn de competición que desbancaba al propio Mclaren F1 en potencia específica: 109 cv por litro.

En película Goldfinger de James bond, Xenia conduce un Ferrari F355 GTS aparcado frente al casino de Monte-Carlo

Para muchos (entre los que me incluyo), esa silueta afilada, la rejilla plana que hace entrever el motor central, los faros escamoteables y un interior a la altura, lo convierten en el último Ferrari clásico antes de la era moderna, iniciada con el 360.

El GTS y su techo duro tipo Targa no era lo más práctico del mundo, pero mantenía a la perfección las líneas originales del modelo.


Inconfundible esencia de villano: Jaguar y Land Rover


Pasemos ahora a lo realmente importante. Varias marcas han ido rellenando el hueco para el coche del malo de la película, pero jamás podrán igualar la esencia que rezuma el grupo Jaguar/Land Rover: "the british evilness".


Quizás fruto del marketing, quizás la histórica conexión de Jaguar con el crimen o con lo malvado (el mismísimo Hannibal Lecter tenía uno en la novela), el caso es que la lista de apariciones en la gran pantalla de Jags asociados a tipos "cuestionables es muy extensa y no ha hecho sino reforzar esa idea y esa relación.

Hace unos años, la propia Jaguar, lejos de desmarcarse de esta imagen, adoptó el lema "it's good to be bad" en uno de sus spots para la Super Bowl. ¿El prota? Un F-Type.

Con Land Rover sucede algo parecido y puede ser que las últimas entregas de Bond hayan jugado a su favor y creado esa imagen en nuestra mente. Si Jaguar representa el lado deportivo y sofisticado del villano, Land Rover trae una faceta más poderosa y más ruda.


Pero, ¿dónde empezó todo en la saga Bond? ¿Cuándo se volvió a reclamar ese lugar para las marcas británicas? Y, ¿hasta dónde han llegado?



Jaguar XKR Convertible


El Jaguar que tuvo la gran responsabilidad de debutar en 007 es el Jaguar XKR de Zao, en "Muere otro día" (2002). Haciendo una fuerte competencia a los artilugios de Q, equipa una ametralladora Gatling detrás de los asientos, lanzamisiles escondidos en la parrilla o granadas en el maletero.

Persecución a James Bond en Die Another Day, entre un Aston Martin Vanquish y un Jaguar XKR Cabrio verde
Los coches que aparecen en esta imagen tuvieron que ser construidos con tracción total ex profeso para realizar la persecución que ves.

Aparte de mostrar sus capacidades en el hielo ante el Vanquish S de Bond, el XKR tenía todo lo que se podría esperar de un GT británico vitaminado. El V8 del XK8 añadía a la ecuación un supercargador y un kit de músculo extra (parrilla de malla, alerón trasero y dos enormes entradas de aire en el capó). Además, la versión de 20